Fronteras en ciencias de la Tierra

Como objeto de estudio, las ciencias de la atmósfera abarcan todos los procesos que tienen lugar en la atmósfera, junto con sus vínculos con otros sistemas, principalmente la hidrosfera, la criosfera, la litosfera, la biosfera y el espacio exterior. Como tal, es una disciplina extensa y la tarea de describir los principales retos no es fácil, y conlleva un buen grado de solapamiento con algunos de los otros grandes retos de las ciencias de la tierra y del medio ambiente. Como podría producirse un solapamiento especial con las ciencias del clima, conviene recordar que los procesos atmosféricos se diferencian de los climáticos en la escala temporal, siendo estos últimos los que se producen a lo largo de periodos largos, típicamente superiores a 30 años, pero en cualquier caso lo suficientemente largos como para producir medias significativas. Los procesos atmosféricos son fundamentales para configurar el estado del clima, pero también para muchos de los forzamientos y retroalimentaciones que determinan la magnitud del cambio climático y sus posibles impactos. Además, en los últimos tiempos las ciencias atmosféricas han experimentado un progreso impresionante en cuanto a los beneficios que aportan a las personas y a las organizaciones. El flujo de «información» atmosférica tiene una importancia considerable en las decisiones relacionadas con la salud, la agricultura, la energía, el poder y el medio ambiente. Este artículo sobre los «Grandes Retos» se centra en la atmósfera, aunque la fuerte interacción con otras partes de la tierra y su entorno, junto con las implicaciones sociales que conlleva, es un tema común en todos los retos descritos.

Durante los próximos años, el progreso en las ciencias atmosféricas es esencial si se quiere mejorar la comprensión de los procesos básicos y su modelización; esto requerirá auténticos avances en los enfoques observacionales, conceptuales y tecnológicos. Por esta razón, la siguiente lista no exhaustiva de 12 retos seleccionados incluye los relacionados con las observaciones y la asimilación de datos, los cubiertos dentro de las disciplinas tradicionales (física y química atmosférica, dinámica atmosférica y previsión meteorológica), los relacionados con las interacciones entre la atmósfera y sus límites, y los relacionados con el componente atmosférico de los estudios climáticos.

Reto 1: Asimilación de datos

Los retos en materia de asimilación de datos para la observación de la Tierra en los próximos años están relacionados con aspectos técnicos y temáticos generales, así como con la capacidad de aprovechar las nuevas e interesantes oportunidades de los sistemas de observación de la Tierra. Es probable que los beneficios de abordar estos retos incluyan mejoras en los reanálisis, mejoras en las previsiones meteorológicas, un sistema de observación mejorado y una base mejorada sobre la que construir los elementos de los modelos climáticos. Entre los desafíos técnicos, cinco áreas son las más significativas: (1) la asimilación de datos acoplados para dar cuenta de los vínculos entre los diferentes elementos del sistema terrestre; los ejemplos incluyen el acoplamiento de la atmósfera y el océano, del océano y la criosfera, y de la atmósfera y la tierra; (2) la asimilación de datos de conjuntos para dar cuenta de la variabilidad natural y/o para representar los errores en el sistema terrestre; aquí, el esfuerzo técnico se centrará en el diseño de conjuntos realistas; (3) Realización de la asimilación de datos a mayores resoluciones espaciales, representando el sistema terrestre a escalas más finas (mesoescala y más finas), incluyendo desarrollos teóricos para dar cuenta de los cambios en las condiciones de equilibrio; (4) mejor representación de los errores (aleatorios y de sesgo) en las observaciones y modelos utilizados en la asimilación de datos, incluyendo la representación de los errores de previsión, los errores de los modelos y la corrección de sesgos en línea; (5) ampliación y consolidación de la estimación conjunta del estado y del enfoque de modelización inversa para estudiar los ciclos biogeoquímicos (p. ej.g., el ciclo del carbono). El reto principal en este caso es la consolidación e integración de los esfuerzos comunitarios de asimilación de datos de las agencias meteorológicas y espaciales, de las actividades de investigación y operativas, y de las plataformas de observación in situ y por satélite, incluyendo todas las colaboraciones continentales y globales, y la aplicación efectiva de estos esfuerzos hacia el desarrollo de nuevas misiones de observación de la Tierra.

Desafío 2: Procesos a pequeña escala en la atmósfera

Son evidentes varios desafíos en cuanto a nuestra comprensión fundamental de los procesos a pequeña escala y las aplicaciones relacionadas, muchos de los cuales se están debatiendo y estudiando activamente en la actualidad. En primer lugar, el aumento de la potencia computacional permite la simulación más detallada de los problemas de mecánica de fluidos, de modo que incluso los flujos estratificados de forma estable se modelan ahora mediante simulación numérica directa. Al mismo tiempo, estas técnicas computacionales avanzadas también requieren una nueva generación de esquemas de parametrización para la predicción numérica del tiempo (NWP) y la modelización del clima. A altas resoluciones, por ejemplo, no se puede despreciar la compleja dinámica que se da en las zonas urbanas y se requieren esquemas NWP específicos para representarla. A tamaños de malla más pequeños, la llamada zona gris de la turbulencia se aproxima a la NWP, y el impacto de esto debe ser entendido y cuantificado. Hay cierto margen de mejora en cuanto a la representación de las nubes y del ciclo diurno de la convección profunda, y lo mismo cabe decir de los procesos físicos que rigen las capas límite estables y el ciclo diurno, así como de la naturaleza intermitente de la turbulencia, especialmente en condiciones de calma. Además, las resoluciones más altas también requieren técnicas más avanzadas que permitan interpretar las observaciones realizadas. En la meteorología de la capa límite, el cierre del balance energético de la superficie y del balance térmico en las observaciones de campo requiere más atención. Por último, los retos en materia de datos a los que se enfrenta la meteorología también aumentarán, debido en particular a la mayor disponibilidad de observaciones tanto profesionales como de origen colectivo (Muller et al., 2013).

Reto 3: Química de la contaminación atmosférica

Los componentes clave de un programa para abordar los retos más importantes para los investigadores en química de la contaminación atmosférica pueden describirse bajo los tres epígrafes siguientes: (1) Contaminación interior y salud: dada la tendencia de las personas a permanecer en gran medida en el interior para trabajar, estudiar y divertirse, es importante estudiar el impacto de la contaminación interior en la salud humana como resultado de las emisiones interiores y/o la infiltración del aire ambiente exterior. En los últimos años, los procesos que rigen la calidad del aire interior han cambiado notablemente como consecuencia de las modificaciones de la normativa de construcción con el objetivo de mejorar la eficiencia energética. Todavía existen considerables incógnitas en relación con las fuentes, compuestos y procesos que afectan a la calidad del aire interior y su impacto en el bienestar humano. (2) Polvo y calidad del aire: con las continuas mejoras en las características de las emisiones de los vehículos, los efectos de la contaminación por aerosoles en las zonas urbanas pueden atribuirse cada vez más a otras fuentes de emisión, como el transporte de polvo natural y la resuspensión del polvo de las carreteras, principalmente en las zonas del sur de Europa con climas más secos en las zonas afectadas por el transporte de polvo de los desiertos del norte de África. La comprensión de estos impactos y la aplicación de medidas de mitigación (para la resuspensión del polvo de las carreteras) son áreas de investigación futura. (3) Quema de biomasa: con el cambio climático y la preocupación por el impacto y el coste de los combustibles fósiles, la combustión de biomasa se utiliza ahora comúnmente para la calefacción doméstica en Europa. En muchas zonas urbanas, principalmente en invierno, se ha comprobado que la biomasa doméstica es una importante fuente de contaminación atmosférica por partículas. En la actualidad se está poniendo cierto énfasis en la evaluación del impacto de la quema de biomasa en términos de calidad del aire urbano, así como en el estudio de las características de las emisiones de los equipos e instalaciones de quema de biomasa, así como en el impacto de la composición de las partículas quemadas de biomasa en la salud humana.

Desafío 4: Interacciones entre aerosoles y nubes

No hay duda de que las partículas de aerosol participan activamente en la formación de nubes a través del suministro de núcleos de condensación de nubes (CCN) y núcleos de hielo (IN). Se ha sugerido que los cambios en las concentraciones de aerosoles alterarán el tiempo de vida de las nubes y la eficiencia de las precipitaciones, y por tanto afectarán al forzamiento radiativo del sistema terrestre. Se han dedicado grandes esfuerzos a este tema, lo que ha dado lugar a rápidos avances en cuanto a conocimientos, metodologías y técnicas (por ejemplo, Wang, 2013). A pesar de este progreso, sigue siendo difícil sacar conclusiones significativas sobre los efectos climatológicos de los aerosoles a escala regional y global. En cambio, las interacciones entre los aerosoles y las nubes a escala molecular y microfísica son cada vez más predecibles y su modelización más determinista. Parece que existe una brecha significativa en nuestro conocimiento entre los procesos a pequeña escala (molecular y microfísica) y los eventos a gran escala (regional/global) en esta área. Sugerimos que sigue siendo necesario sintetizar los resultados a múltiples escalas para identificar claramente los problemas implicados y mejorar el conjunto actual de herramientas y metodologías necesarias para cerrar la brecha.

Desafío 5: Predicción meteorológica

Los fenómenos descritos por los fluidos son complejos, sin embargo, la apariencia de las leyes del movimiento de los fluidos es engañosamente simple, las ecuaciones que gobiernan estas leyes son no lineales, lo que implica múltiples (y difíciles de entender) tipos de efectos de retroalimentación. La atmósfera y la evolución temporal de su estado no se libra de este problema. En cualquier caso, uno de los buques insignia de la investigación en ciencias atmosféricas de las últimas décadas ha sido el establecimiento de previsiones fiables en el intervalo de 2 a 7 días, habida cuenta de los enormes beneficios económicos potenciales; sin embargo, dichas técnicas siguen adoleciendo de problemas derivados de la recogida y utilización de datos, que en su mayoría se recogen sobre los océanos. El uso de nuevos datos procedentes de satélites y de la teledetección terrestre podría ayudar en este sentido, al igual que el correcto mantenimiento de los conjuntos de datos tradicionales, como la red mundial de sondas brutas, ya algo obsoleta. También son prioritarias las mejoras en las mediciones del vapor de agua y de las propiedades de la superficie terrestre. Los retos físicos siguen siendo los mismos que cuando se definieron hace más de una década (National Research Council, 1998), a saber: una mejor comprensión de la naturaleza de la interacción entre los procesos atmosféricos y los de la superficie terrestre, el ciclo hidrológico, la dinámica de la convección profunda, el papel de la tropopausa en la dinámica atmosférica, un nuevo impulso en el desarrollo de los modelos de mesoescala y una mejora de las parametrizaciones utilizadas en los modelos de tiempo y clima basados en las ondas. Un ejemplo de la importancia de estas mejoras es el arrastre de las ondas gravitacionales orográficas, cuya parametrización en los modelos de predicción meteorológica y climática debe actualizarse dada la importancia de algunos efectos que se han demostrado importantes en investigaciones recientes. Entre ellos se encuentra el impacto de la cizalladura del viento tanto en el arrastre superficial como en el flujo de momento de las olas (y su disipación), y el arrastre producido por las olas de sotavento atrapadas, cuya energía se propaga, y se disipa, aguas abajo de su origen en lugar de hacia arriba. Las implicaciones de estas ondas gravitacionales orográficas para la turbulencia de aire claro (CAT), un peligro muy grave para la aviación, no se han cuantificado satisfactoriamente. La mayoría de los métodos de previsión de CAT utilizan predictores empíricos no vinculados explícitamente a las ondas de gravedad, pero es bien sabido que la cizalladura direccional (que es omnipresente en la naturaleza) conduce a la rotura de las ondas de gravedad, que puede ser una fuente importante de CAT. El atrapamiento de las ondas gravitacionales a sotavento de montañas o colinas conduce a la formación de circulaciones cerradas, turbulentas e inestables, conocidas como rotores, que también constituyen un grave peligro para la aviación. Nuestra comprensión de las condiciones necesarias para la aparición de estas estructuras de flujo es incompleta, y sin duda se beneficiará de los recientes avances en la teoría de las ondas de montaña.

Desafío 6: La teledetección para la meteorología y el clima

La teledetección terrestre y por satélite ha proporcionado importantes avances en nuestra comprensión de los sistemas meteorológicos y climáticos, así como de los cambios que se producen en ellos (Yang et al., 2013), al permitir la cuantificación de los procesos y estados espacio-temporales de la atmósfera, la tierra y los océanos. El uso intensivo de imágenes de satélite en meteorología, y los patrones espaciales de la subida del nivel del mar, son buenos ejemplos de ello. La duración de las series temporales en cuestión suele ser demasiado corta para permitir su uso para captar las tendencias a largo plazo de muchas variables climáticas, por lo que uno de los principales retos es ampliar las duraciones de estas series temporales. La teledetección de los ciclos regionales y globales de las nubes y las precipitaciones también es necesaria para la vigilancia del clima y la verificación de los resultados de los modelos. Hay dos retos notables en física atmosférica; el primero es diseñar estudios innovadores centrados en la microfísica de las nubes y la relación con la física de la descarga de los rayos, junto con todos los aspectos relacionados con la observación y medición de la electricidad atmosférica, y el segundo es desarrollar nuevos estudios con radiómetros pasivos y radares que nos ayuden a comprender la estructura de las nubes y las precipitaciones, con especial énfasis en los procesos de lluvia cálida tropical, las precipitaciones ligeras de latitudes medias, las nevadas, el contenido de agua líquida y helada de las nubes, el agua precipitable y los perfiles de vapor de agua. Un reto hidrometeorológico es ampliar y mejorar nuestras observaciones y modelización de las partes atmosférica y continental del ciclo del agua para permitir su cierre (por ejemplo, zonas de montaña, regiones polares).

Reto 7: La rama atmosférica del ciclo hidrológico

Entre los muchos retos relacionados con el ciclo hidrológico, los que tienen que ver con el transporte atmosférico de la humedad deben recibir una mención especial debido a su existencia totalmente dentro del ámbito de las ciencias atmosféricas. Aquí consideramos el más acuciante de los retos descritos en la reciente revisión de Gimeno et al. (2012). El diagnóstico de las fuentes de humedad se ha convertido en una importante herramienta de investigación en el análisis de eventos extremos (por ejemplo, inundaciones, sequías), y puede considerarse como una herramienta básica para las evaluaciones climáticas regionales y globales; por lo tanto, es necesario comprobar la consistencia de los diferentes enfoques utilizados para establecer las relaciones fuente-sumidero del vapor de agua atmosférico. Es fundamental mejorar nuestra comprensión de cómo las fuentes de humedad afectan a los isótopos de las precipitaciones; esto es importante en sí mismo, pero también es crucial para interpretar correctamente los archivos paleoclimáticos más destacados, incluidos los núcleos de hielo y los sedimentos de las cuevas. Otro reto es comprender mejor el papel del transporte de la humedad como principal factor responsable de los extremos meteorológicos (lluvias intensas a través de estructuras como los chorros de bajo nivel y los ríos atmosféricos, o la sequía a través de la disminución prolongada del suministro de vapor de agua de las regiones fuente de humedad). Para evaluar si las regiones fuente de humedad han permanecido estacionarias en años pasados, es necesario comprender los efectos de los principales modos de variabilidad climática sobre la variabilidad de las regiones de humedad, y cómo se produce el transporte de humedad en un clima cambiante. Estas cuestiones sin resolver constituyen un reto importante para los científicos del clima.

Reto 8: Interacción de las escalas en la simulación del clima

La interacción entre varias escalas espaciales y temporales da lugar a lo que llamamos clima. (Lorenz 1967) fue uno de los primeros en destacar la importancia de las interacciones de escala para explicar algunas de las características clave del clima observadas en diversas regiones. El carácter no lineal de la mayoría de estas interacciones de escala ha hecho que sean difíciles de modelizar y, en consecuencia, esto sigue siendo una fuente de incertidumbre en las simulaciones climáticas. Se han propuesto algunos métodos empíricos para reducir la escala de los resultados de los modelos climáticos, pero siguen siendo algo controvertidos (Pielke y Wilby, 2011), especialmente cuando se utilizan para interpretar las proyecciones climáticas a largo plazo a escala regional. El uso de las condiciones de contorno de un modelo global en el que se predicen las interacciones acopladas entre todos los principales subsistemas del sistema climático (atmósfera, océano, biosfera y criosfera) tiene una serie de problemas como la retención de errores climáticos a gran escala en los modelos globales, su gran dependencia de las condiciones de contorno laterales o la falta de interacción bidireccional entre los modelos regionales y globales. El papel de los procesos atmosféricos a pequeña escala, normalmente en fenómenos de corta duración, resulta muy relevante sobre todo en las regiones tropicales, donde los sistemas convectivos a mesoescala interactúan con las circulaciones a gran escala, y tienen una importancia crucial en el ciclo hidrológico. Por ejemplo, los ciclones tropicales pueden dar lugar a años muy húmedos o secos en algunas regiones, dependiendo de su actividad y trayectoria. Este elemento es bastante difícil de simular en los modelos climáticos, pero su contribución al clima regional está fuera de toda duda y debe entenderse mejor para incorporarlo a los sistemas de modelización del clima.

Desafío 9: Eventos extremos

En los últimos años los efectos de diferentes fenómenos meteorológicos y climáticos han ganado en importancia a ojos de los medios de comunicación y de la población en su conjunto, en parte como consecuencia de eventos extremos como las olas de calor en Europa (2003), Rusia (2010), o EEUU (2011), o los mortíferos y costosísimos huracanes que han azotado zonas densamente pobladas en los últimos años, incluyendo Nueva Orleans (Katrina, 2005) y el área metropolitana de Nueva York (Sandy, 2012). Asimismo, los periodos prolongados de sequía han causado graves problemas a los productores de cereales, como en el sur de Australia (2002-2010), o en el suroeste de EE.UU., o mediante el aumento de la probabilidad de incendios forestales (Amazonia, 2005 y 2010). Algunos de estos fenómenos extremos están estrechamente relacionados con la aparición de patrones de circulación vigorosos, como la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), o con el bloqueo y el desplazamiento de las vías de las tormentas y la corriente en chorro. Por definición, los extremos son raros en una serie temporal, por lo que existe una necesidad acuciante, ligada al análisis de los fenómenos extremos, de ampliar al máximo las series climáticas, y por ello siguen siendo indispensables las reconstrucciones del clima pasado basadas en datos instrumentales, históricos y proxy. El reciente informe del IPCC (IPCC, 2013) pone de manifiesto que este creciente interés por los fenómenos climáticos extremos debe abordarse en el contexto más amplio del cambio climático, dado que es muy probable que los cambios previstos en los climas mundiales, regionales e incluso locales se dejen sentir a través de los cambios en la magnitud y la frecuencia de los fenómenos extremos.

Desafío 10: Influencia solar en el clima

Se ha calculado que alrededor del 8% del cambio climático global reciente puede atribuirse a la variabilidad solar, pero esta cifra debe tratarse con precaución dado que varios aspectos del forzamiento solar y los mecanismos de acoplamiento de la variabilidad solar al sistema climático de la Tierra siguen siendo poco conocidos (Gray et al., 2010). Con la creciente complejidad y sofisticación de los modelos atmosféricos y climáticos, y la necesidad de aumentar la precisión de las predicciones realizadas, es importante poder incluir una imagen más completa del forzamiento solar en estos modelos. Las fuentes de forzamiento solar pueden dividirse en componentes impulsados por la radiación y por las partículas. El enfoque científico del forzamiento impulsado por la radiación se está desplazando actualmente de las respuestas globales a las regionales, impulsadas por las variaciones de la irradiación espectral solar (SSI). Quedan varias preguntas sobre la naturaleza de las variaciones de la SSI, sobre cómo deberían implementarse en los modelos y sobre cómo cambiarán en futuros ciclos solares si el sol se aleja de su actual gran máximo de actividad solar hacia un nuevo mínimo de trueno. El componente impulsado por partículas se divide a su vez en efectos de precipitación de partículas energéticas (EPP) y de rayos cósmicos (CR). El efecto EPP influye inicialmente en la estratosfera superior y en la termosfera inferior. Si bien los efectos químicos de la EPP en la atmósfera son ya bien conocidos, existe una necesidad apremiante de comprender otros efectos dinámicos, así como los posibles mecanismos y magnitudes en términos de clima terrestre. La influencia potencial de la EPP en el clima es un área de investigación emergente, que está adquiriendo una mayor importancia ahora que los modelos climáticos se están extendiendo a altitudes más elevadas que están más directamente influenciadas por la EPP. La EPP proporciona una de las vías de transporte clave desde la baja termosfera hasta la estratosfera y más allá, hasta la troposfera a través del acoplamiento estratosfera-troposfera en las regiones polares. El efecto de la EPP también podría acentuarse en un futuro próximo, a medida que el forzamiento radiativo se vea más influido por el paso a tipos de actividad solar mínimos de trueno. El componente impulsado por la RC se considera actualmente como la fuente de forzamiento solar menos conocida, aunque se están llevando a cabo esfuerzos de investigación internacionales para abordar esta cuestión. Resultados recientes han sugerido que, aunque los CRs pueden estimular la nucleación de aerosoles, en términos globales estos efectos no son grandes, y siguen existiendo preguntas sobre los mecanismos físicos que vinculan los CRs y la nucleación de aerosoles.

Desafío 11: Tiempo y Clima Urbano

La isla de calor urbana (UHI) es quizás el efecto más conocido de la presencia de las ciudades en el microclima local; la temperatura del aire en una ciudad por la noche puede ser mucho más alta (hasta 10°C o más) que en los alrededores. El clima urbano, una rama emergente de la meteorología hace 20 años, es ahora un campo de investigación maduro. Abarca una serie de temas, desde los estudios teóricos fundamentales hasta la investigación más aplicada, teniendo como objetivo principal la aplicación de los conocimientos climáticos a un mejor diseño de las ciudades de todo el mundo. La micrometeorología siempre ha sido un área de interés central en los estudios urbanos debido a las escalas implicadas. Los instrumentistas de la climatología urbana han sido pioneros en el desarrollo continuo de la instrumentación y el análisis de procesos desde la década de 1970. De estos primeros estudios surgieron los procesos que conducen a la formación de la UHI (en su mayoría de naturaleza física debido a la forma tridimensional y a los materiales que componen el tejido urbano). Hoy en día, siguen existiendo varios retos en relación con la medición de esta capa límite urbana bastante compleja. Se están utilizando nuevos instrumentos de teledetección de corto alcance para obtener una visión especializada de los procesos físicos implicados. Estos desarrollos instrumentales continuarán inevitablemente. El clima urbano sólo fue abordado por los modelizadores atmosféricos cuando los modelos atmosféricos alcanzaron una resolución suficientemente alta (algunos km) para poder representar las ciudades de forma explícita. Los primeros modelos que representan los intercambios de energía y agua entre las superficies urbanas y la atmósfera aparecieron a principios de la década de 2000 (véanse las revisiones en Masson, 2006 y Martilli, 2007), y ahora se utilizan cada vez más en los modelos numéricos de previsión meteorológica. Las primeras intercomparaciones internacionales de modelos urbanos (Grimmond et al., 2010, 2011) analizaron algunos medios obvios de mejora, por ejemplo en la representación de la vegetación urbana. Además, unos 15 años más tarde que los modelos atmosféricos, los modelos climáticos regionales tienen ahora resoluciones espaciales compatibles con las escalas urbanas. Por supuesto, esto supone un nuevo reto en la representación adecuada de las ciudades en los modelos climáticos. Asimismo, los estudios de meteorología urbana no pueden limitarse a la física o a la química, sino que deben tener en cuenta el comportamiento de los habitantes. Aunque ya existen estudios biometeorológicos, especialmente en lo que se refiere a los niveles de confort humano, las interacciones entre el mundo meteorológico y el social, tanto en lo que se refiere al confort humano como al uso de la energía dependiente de la meteorología, por ejemplo, siguen constituyendo uno de los principales retos para los meteorólogos urbanos.

Desafío 12: Agotamiento y recuperación del ozono

Aunque todavía se observan mínimos de concentración de ozono estratosférico en muchas regiones, se empiezan a percibir signos de recuperación. En la estratosfera de la Antártida, la concentración de halocarbonos alcanzó un máximo en torno al año 2000 y luego comenzó a disminuir. Las proyecciones actuales sugieren que la recuperación completa podría producirse hacia el año 2050. Esto significa que uno de los principales retos es asegurar la vigilancia continua tanto del ozono como de los gases que lo agotan para garantizar la recuperación. Las mejoras en la comprensión básica de los procesos, y las simulaciones de los mismos, son especialmente importantes en el contexto de un clima cambiante. Deben simularse ambas direcciones, es decir, cómo un clima cambiante afectará a la capa de ozono, y cómo la recuperación del ozono afectará al tiempo y al clima. Los llamados modelos climáticos-químicos (MCC, Lamarque et al., 2013) parecen tener una importancia clave en este caso.

La anterior lista de retos para los próximos años en la investigación en ciencias atmosféricas se refiere sólo a algunas de las cuestiones más urgentes sin resolver y, naturalmente, sigue siendo incompleta. Los retos aquí descritos no deben considerarse como los probables temas principales de investigación en Frontiers in Atmospheric Science; cualquier trabajo interesante vinculado al paraguas de las ciencias atmosféricas debería encontrar acomodo en la revista.

Agradecimientos

Apoyado en parte por el MINECO (España), proyecto TRAMO y FEDER. El equipo de Editores Asociados de Frontiers in Atmospheric Science proporciona comentarios útiles.

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